La necesidad de ser relevante

En el mundo de las redes sociales, la vida parece no ocurrir a menos que quede perpetuada ante los ojos de un montón de desconocidos, con fotos sobresaturadas y frases que no vienen al caso. De lo contrario no paso, no existe.
Las personas sienten la necesitad de colgar una foto con la intención de hacerse recordar. Por miedo a pasar al olvido… Mira, aquí estoy, viviendo a mil kilómetros de ti, todavía existo, y probablemente quiero mostrarte que tengo una vida fabulosa.
Y del lado contrario, quienes nos topamos con esa foto, tenemos la tarea fácil de hacerle saber al otro que nos recordamos de él, que nos importa, y que en cierta forma aprobamos su existencia con un simple ‘Like’, o un breve comentario.
La verdad, a mí me encantan las redes sociales. Me fascina abrir el teléfono y en menos de cinco minutos poder ver la vida de las personas que quiero, y no lo voy a negar, la vida de famosos que despiertan mi curiosidad… El problema es el hastío de sentir cómo se pervierte el asunto. Como dejan de ser una plataforma para acercar a las personas, y se convierte en el mercadeo más agresivo de la humanidad.
La semana pasada ocurrió un terremoto en México, y después de estremecerme con millones de videos en la redes, viendo como se desplomaban edificios completos, y asombrarme de como todo el pueblo mexicano sacó lo mejor que tenía para dar, para ayudar y aportar un granito; comencé a verle las costuras a estas personas más ‘influyentes’ en las redes sociales haciendo alarde de sus contribuciones, y no pude sino sentir tristeza.
Pero la cosa no se quedaba ahí. Yo escribo para un medio de comunicación latinoamericano, y el breaking news del momento era publicar y editar notas de prensa sobre la donación que hizo “menganito”… y dichas notas de prensa, que les prepararon sus agencias de comunicaciones, ni siquiera se tomaban la molestia de incitar a donar, de brindar información de dónde hacerlo.  Simplemente promocionar a la persona. Recordar que existe. Recalcar que tiene un buen corazón.

Listo, te volviste a hacer relevante incluso a costa de una tragedia.
 
Ilustración: John Holcroft

 

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