Un año lejos

 

 
Ha pasado un año desde que me fui Venezuela. Y desde entonces no he vuelto.
Cuando tomé la decisión de irme, mi mayor autoayuda era asegurarme a mí misma que iba a ir y venir de aquí para allá todo el tiempo… no iba a permitir jamás volverme ajena a ese sitio. No iba a permitirme regresar y encontrar todo cambiado.
Pero las cosas no suceden como uno se las imagina.
Hoy me desperté y aun acostada en mi cama mi mente estaba allá. Me pasa mucho, sin planificarlo. Y me pongo a hacer este ejercicio… a donde volteara todo seguía igual. Iba manejando por calles, y me sabía cada cruce, cada espacio, cada luz que se proyectaba allí. Todo igual. Iba caminando por la Floresta; entraba a la panadería a comprar unas cosas; me bajaba del carro estacionado en el terreno y volteaba a ver la casa de mis papás, mi mamá seguro estaba regando; me sentía atormentada en una cola en la Francisco Miranda; me estacionaba en una callecita de Altamira a tomarle una foto al Ávila a esa hora de la tarde; entraba al vivero de Los Palos Grandes y todos me sonreían familiarizados; iba por la autopista en la noche oyendo una canción a todo volumen que puso Alejandro; sentía cada hueco, cada olor, cada calorcito que había en la ciudad…

Todo sigue igual. No hay de qué preocuparse. Todo eso es mío, y cuando me toqué volver seguirá siendo mío. Nos toca aprender que nadie nos lo quitó solo por estar lejos.
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