Nostalgia anticipada

Mi salida de Caracas tocó extremos. En principios fue lenta e intangible. Y al final terminó siendo abrupta y violenta. Meses tratando de concretar planes, planificando cada detalle de cómo queríamos que fuese nuestra despedida de Venezuela, para terminar yéndonos como quien se va un par de días a una conferencia de trabajo en Panamá. Sin planificarlo. Sin pensarlo. Sin sentirlo.  Siempre imaginé que el día que me tocase irme de mi país sería un día dramático, lleno de sentimientos y esas cosas. Y no digo que no lo fuese, solo que de tanto imaginarmelo, cuando llegó el momento ya no tenía ganas ni de sentir ni de pensar.
Un mes antes de irnos, aún no sabíamos si nos íbamos. El día que nos dieron la visa y confirmamos por primera vez que ‘ahora sí’, me dio una crisis de dolor y me enteré que me tenían que operar lo antes posible. De modo que mis últimas tres semanas en Caracas se las dediqué a exámenes médicos, laboratorios y papeleo con el seguro. Me operaron un viernes y nueve días después nos fuimos.  Esos nueve días los pasé en cama, con muchísimo dolor… mi mamá fue la encargada de hacer mis maletas y embalar TODA mi casa, todos mis recuerdos. Era tanto mi cansancio y mis molestias post-operatorias que en una semi despedida que tuve con mis amigas lo único que quería era acostarme y dormir por un mes seguido. Y me daba tristeza no estar disfrutando ese ratico con ellas. 
No me había sentido inspirada en escribir nada sobre este día, pero esta mañana por Whatsapp mis amigas comentaban las últimas atrocidades que habían vivido en el aeropuerto de Maiquetía, y me puse a pensar en lo raro que fue ese día para mí. Contrario a todas las experiencias de caos y maltrato que se pueden vivir en ese aeropuerto, esa madrugada nos fue a buscar un chofer a las 2 de la mañana, desde casa de mis papás al aeropuerto habrán sido unos veinte minutos, con todo absolutamente oscuro! No me dio chance ni de ver la bola de Soto y sentir una nostalgia anticipada. No hubo tráfico. No se veía el Ávila… El aeropuerto estaba vacío. El maletero que nos ayudó con SEIS maletas no nos quiso cobrar… (así mismo! Tan solo nos dijo “Lo que usted quiera darme”.) Llevábamos dos maletas extras y en la aerolínea les pareció normal cobrarnos solo una de ellas.  No hubo cola para registrarnos, ni para entrar, ni para pasar por los rayos X. Nadie nos trató de intimidar, matraquiar o cohibir. El vuelo iba vacío y hasta salió media hora antes de lo estipulado! Todo pasó tan rápido y raro que yo solo pensaba “bueno en lo que me siente a esperar el abordaje tendré tiempo de ponerme sentimental” pero no, no hubo chance. 
A las 9 de la mañana ya estaba sentada desayunando divino en casa de unos amigos, anonadada de lo perfecto que había sido todo este proceso.
Nuestras últimas tres semanas en Caracas fueron las semanas más duras y difíciles de nuestras vidas. Por muchas cosas, a nivel físico y emocional. Creo firmemente que todo lo que pasó este día fue el karma recompensándonos por el esfuerzo y el desgaste que vivimos.

Y bueno, la nostalgia, eventual e inevitablemente llega. No hace falta forzarla, porque  –siempre- llega.
 
 
Etiquetas:

1 pensamiento sobre “Nostalgia anticipada”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *