Los enamoramientos de Javier Marías

Luisa y Miguel desayunaban todas las mañanas juntos en un café de Madrid.  

 

Como cuando un recuerdo malo, te borra todos los buenos…
“Cada vez que me acuerdo de algo bueno, al instante me aparece la imagen última… y el recuerdo se enturbia y se hace malo. En realidad ya no me queda ninguno bueno. Todos me resultan ilusos. Todos se han contaminado”
Y necesitamos desahogarnos, pero ya nadie quiere oírnos…
“Es otro de los inconvenientes de padecer una desgracia: al que la sufre los efectos le duran mucho más de lo que dura la paciencia de quienes se muestran dispuestos a escucharlo y acompañarlo, la incondicionalidad nunca es muy larga si se tiñe de monotonía”
¿Cuánto debería durar?
“Nunca nos parece el momento justo” “Podía haber durado un poco más” “Y por eso no está en nuestras manos el final de nada, porque si dependiera de ellas todo continuaría indefinidamente”
Y de repente nos damos cuenta que lo superamos…
“Aunque me siento obligado a que me dé tristeza pensarlo, y hasta me la acabe dando cada vez que lo hago, soy incapaz de recuperar lo que sentí entonces” “Ahora es sólo un hecho” “A Luisa le han destrozado la vida que tenía ahora, pero no la futura”
…El tiempo…
“Como si algo tan insignificante y tan neutro como la sucesión de los días supusiera un mérito para quien los atraviesa, o quizá es para el que los aguanta sin abandonar ni rendirse” “Todo acaba atenuándose, a veces poco a poco y con mucho esfuerzo y poniendo de nuestra voluntad; a veces con inesperada rapidez y en contra de esa voluntad” “Sí, todo se atenúa, pero también es cierto que nada desaparece ni se va nunca del todo”
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